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La esperanza de la Iglesia Ortodoxa Rusa en México – Abad Nektary

Abad NektarySolo en tres años el Abad Nektary (H'Petropoulos) fundó primer en México Monasterio ortodoxo ruso, en el entorno del cual se organizó primera comunidad ortodoxa rusa. Tranquilo y pensativo por su carácter, el Abad prefiere pasar tiempo lejos de la agitación mundana. Toda la vida el soñaba tener una vida solitaria y simple de un monje. En vez de esto, sobre sus hombros ha sido encargada una gran responsabilidad: el manejo de un monasterio con dos monjes y el cuidado de cientas almas humanas.

Padre Nektary soñaba llegar a ser monje desde su infancia. Siendo niño el persuadía a sus padres llevarlo más seguido a la iglesia, y en casa jugaba liturgia. Pero el fue el hijo único y su mamá quizo que el se casara.

“Mi madre decía: “Tu no puedes irte al monasterio, yo quiero que tengas muchos hijos” – cuenta padre Nektary. – “Pero yo no lo quise. Yo le dije: “Yo quiero servir al Dios, y no necesito nada más”.

Sin embargo, el sueño de sus madre se cumplió. Padre Nektary tiene cientos de hijos espirituales.

“Ayudar a la gente es mi sagrada obligación”

Aunque él no tiene ni una gota de sangre rusa y la mayor parte de tiempo él pasó en parroquias griegas, padre Nektary llegó a ser el centro de la unida comunidad rusa que se consolidó bajo su tutela. Todavia siendo un simple monje, el pasó medio año en el monasterio de Santísima Trinidad en Jordanville (Estado de Nueva York) y se considera padre ruso. Los parroquianos están de acuerdo:

“En su entorno empezó a girar el mundo ruso. Para muchos él llegó a ser el hombre más prójimo y el padre espiritual” dice parroquiano Sergey Alekseev.

La mayoría de los parroquianos del monasterio son mujeres rusas, muchas de las cuales son casadas con mexicanos. Algunas de ellas conocieron a su futuro esposo por Internet y ahora “están muy infelices”, dice padre Nektary. Cuando sus esposos les pegan y les quitan pasaportes, estas mujeres acuden a única persona que les puede ayudar en tal situación.

“Ayudar a estas personas – es mi sagrada obligación, porque son ortodoxas, son mis parroquianos y mis hijos” – dice padre Nektary. “Ellos estaban solos en México, ellos fueron huérfanos, pero todo cambió. Ahora ellos tienen a la Iglesia, y les estaremos defendiendo con todas las fuerzas”.

Si esté claro que no será posible salvar la unión familiar, el Abad trata de devolver el pasaporte a la mujer y paga gastos legales en caso si ella presenta la demanda de tutela sobre hijos. Al padre Nektary le tocaba en multiples ocasiones negar al esposo furioso la entrega de la esposa con hijos, quienes encontraron refugio a través de el. Hace mucho que el Abad Nektary se acostumbró a las amenazas y dice que estas no le espantan.

“Alguien sí debe protegerlas y darles esperanza. Si yo voy a cuidar a mis parroquianos, el Dios se ocupará de mi. Nosotros hacemos lo correcto”.

La fuerza de Dios se manifiesta en lo dificil

Sin embargo, seguir el camino bueno no es fácil. Desde su apertura el Asceterio ha sufrido dificultades financieras. Lo más dificil estaba después de la epidemia de influenza en 2009, cuando el monasterio tuvo que cerrar la pastelería y café – su principal fuente de ingreso. La mayoría de los parroquianos son recien inmigrantes, y frecuentemente no son capaces de ayudar a la iglesia. Padre Nektary aún no realiza aportaciones dominicales. Según su opinión, cuando los parroquianos estarán en una situación más facil, van a apoyar a la iglesia sin que él tenga que pedirlo.

Por lo mucho que se requiera de tiempo para el manejo de una gran parroquia, esa no es la única responsabilidad del Abad Nektary. Su día empieza a las cuatro y media de la mañana con largos oficios de monasterio – oficio de medianoche, vísperas, trés liturgias a la semana, oficios de la tarde y noche – así como las conferencias diarias en la Universidad Iberoamericana, largas pláticas con los hijos espirituales, visitas a los enfermos, ceremonias religiosas y preparación para conferencias del día siguiente. Y todo eso sin mencionar los viajes regulares por las diásporas en diferentes estados de México. El Abad descansa no más de cuatro horas al día. En el transcurso de los últimos años la salud del Abad Nektary se quebrantó, pero nadie le hubiera escuchado a el quejarse algún día.

“El nunca comenta de sus problemas personales” – dice Sergey.

Preferiendo no concentrar la atención en sus problemas, padre Nektary más se preocupa de la salud de su comunidad y de lo que el monasterio no tiene una sala-comedor por donde podrían caber todos los parroquianos.

“No piensen que sufrimos cada día” – dice padre Nektary. “El Dios es muy, muy benevolente. Cada día la gente comparten con nosotros sus alegrías, y nosotros sentimos una gran satisfacción. Nada es comparable con la alegría de ser el sacerdote para esta familia grande, de poder abrir las puertas del monasterio para los que durante muchos años sentían su orfandad”.

Padre Nektary reconoce que los parroquianos para el son todo, y ellos le responden con mismo amor.

“El es una persona histórica para la Iglesia Ortodoxa Rusa en México” – dice Sergey. “El lleva a cabo una gran labor con la comunidad. Permítalo Dios que el tenga fuerzas y paciencia de guiar esta nave 100 años”.

Por materiales del sitio de la Fundación de Asistencia a las Necesidades de la Iglesia Ortodoxa Rusa en El Exterior (www.fundforassistance.org)

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